A partir de 2028, los Países Bajos planean algo grande e inusual: los inversores deberán pagar cada año impuestos sobre la revalorización de sus inversiones, incluso si no han vendido nada. Esto significa que podrían adeudarse impuestos sobre las llamadas «ganancias contables», es decir, incrementos de valor en acciones, ETF o criptomonedas, sin que haya entrado dinero realmente.
Actualmente, los inversores neerlandeses pagan impuestos basados en una rentabilidad supuesta y fija dentro del sistema vigente «Box 3». Los tribunales declararon ilegal este modelo. El Gobierno lo está sustituyendo por un sistema nuevo. En adelante, se pretende cobrar el impuesto sobre la renta sobre el aumento real anual del valor de los activos, incluso sin venta.
Se prevé un tipo impositivo uniforme de alrededor del 36% sobre estas ganancias anuales, complementado con una exención limitada. Si el valor de la inversión cae de nuevo más adelante, el impuesto ya pagado seguirá existiendo, aunque las pérdidas puedan compensarse y trasladarse en el futuro.
Un problema central: los inversores podrían verse obligados a vender valores para pagar el impuesto, aunque no hayan tenido un ingreso de dinero real. La ventaja anterior de una estrategia buy-and-hold —pagar impuestos solo al vender de verdad— desaparecería en gran medida.
La nueva ley sustituye al sistema anterior después de que el Tribunal Supremo neerlandés tumbara la tributación basada en rendimientos ficticios. La Cámara de Representantes aprobó la reforma a principios de 2026. Aún falta la aprobación definitiva del Senado. La entrada en vigor está prevista para el 1 de enero de 2028.
En la mayoría de los países europeos rige actualmente un principio claro: las plusvalías se gravan cuando se realizan. Es decir, se paga solo al vender. La mayoría de las grandes economías, entre ellas Estados Unidos, el Reino Unido y la mayoría de los Estados de la UE, no aplican un impuesto anual sobre ganancias no realizadas.
Precisamente por eso el modelo neerlandés llama la atención. Sería uno de los pocos países que grava las ganancias contables cada año. Los críticos advierten que esto podría perjudicar a los ahorradores a largo plazo, forzar a los inversores a vender y, posiblemente, desplazar capital o incluso personas a otros países.
Actualmente no existe una directriz a escala de la UE para gravar las ganancias no realizadas. La política fiscal sigue siendo en gran medida una competencia nacional. Los impuestos sobre el patrimonio y sobre las rentas del capital difieren mucho en Europa, y muchos Estados han vuelto a eliminar impuestos generales sobre el patrimonio porque son administrativamente costosos y pueden fomentar la salida de contribuyentes.
Aun así, la reforma neerlandesa ha desencadenado un debate más amplio sobre una tributación justa del patrimonio y de los rendimientos del capital. La Comisión Europea está estudiando distintos modelos para gravar a las personas con grandes patrimonios. Sin embargo, no hay planes concretos para implantar en toda Europa un impuesto anual sobre las ganancias contables.
En muchos países europeos, las plusvalías siguen tributando solo cuando se realizan, y numerosos Estados no aplican un impuesto general sobre el patrimonio. Al mismo tiempo, algunos países están modificando otras partes de su sistema fiscal. Bélgica, por ejemplo, debate un impuesto sobre las rentas del capital aplicado a los activos financieros, y en el Reino Unido se considera la idea de las llamadas exit taxes sobre ganancias no realizadas al trasladarse al extranjero. Aunque no es lo mismo que un impuesto anual sobre ganancias contables, muestra que el panorama fiscal en Europa está cambiando.
Los Países Bajos podrían convertirse en el referente europeo en la tributación anual de las ganancias contables.
La mayoría de los Estados europeos sigue manteniendo el principio de realización.
La reforma en los Países Bajos impulsa un debate sobre la fiscalidad del patrimonio y del capital, pero hasta ahora no ha provocado una ola a nivel europeo.
Sin embargo, otras reformas fiscales muestran que los gobiernos están pensando intensamente en nuevas formas de gravar el capital.
Por ahora, se trata de un experimento nacional y no de una tendencia europea. Que otros países sigan el ejemplo dependerá de cómo funcione el modelo neerlandés en la práctica. Si funciona sin salida de capital, podría servir de modelo. Si provoca efectos secundarios económicos, probablemente se verá más bien como una señal de advertencia.